Estrasburgo - Strasburg - Alsacia  

Región de la Alsacia

Alsacia es una región del noreste de Francia en la frontera con Alemania y Suiza, que se extiende desde la vertiente oriental montañas de los Vosgos y el río Rin, sobre una planicie conocida como la plaine d'Alsace.

Alsacia es la menor región de Francia metropolitana. Su longitud es aproximadamente cuatro veces su anchura, 190 km de largo por 50 km de ancho, y como un lengua se extiende sobre una llanura entre la cuenca del Rin y el sistema montañoso. El valle de Alsacia es una zona de hundimiento tectónico centrada axialmente en la falla por la cual discurre el Rin, Al este del río Rin le delimita la Selva Negra, y al sur el conjunto de los montes del Jura, tal gran valle entre los Vosgos y el Jura se conoce como la Puerta de los Burgundios.

La cultura en Alsacia se ha desarrollado a lo largo de su moderna historia como resultado de una parte de las interacciones entre las culturas germánicas y la latina aportada por Francia, y por otra parte, de su situación geográfica central. Se ha beneficiado de ser uno de los lugares de paso de las migraciones humanas desde antes de la Edad Media y lugar de confluencia de las diversas tendencias del pensamiento europeo, desde el humanismo y la reforma protestante, hasta el movimiento contemporáneo de la construcción de la Unión Europea.

Alsacia, es una de las regiones europeas de mayor personalidad. Su principal ciudad es Estrasburgo, nacida como poblado celta, en medio de un país de bosques y pantanos. Sus gentes son amables y respetuosas con el pasado, lo que ha redundado en la pervivencia de unos pueblos cargados de belleza y de recuerdos de un pasado rico en historia. En la Edad Media la ciudad adquirió un intenso desarrollo comercial por su cualidad de cruce de vías. En aquella época pujante, la urbe construyó la catedral más alta de la cristiandad: la flecha de Alsacia.

El recorrido de esta región debe comenzar por Estrasburgo, una ciudad moderna con un encanto especial. Una travesía por los canales que rodean el casco antiguo abarca los Ponts-Couverts que son los antiguos puentes con torres de vigilancia desde donde se defendía la ciudad.

La Catedral de Notre-Dame de Strasbourg, es de finales del siglo XI y lo mejor es su aguja y las vistas de la ciudad que se aprecian desde allí. El majestuoso Palais Rohan alberga tres museos todos de gran importancia: Museo de las Bellas Artes, el Museo Arqueológico y el Museo de las Artes Decorativas. En el recorrido se pueden incluir el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo con piezas exquisitas y el Museo Alsacien con su colección de artesanía local.

Finalmente el plato fuerte de la zona, el famoso Mont-St-Michele, ubicado en la Isla Mont-Tombe (tumba en el monte) actualmente bien comunicado por un puente.Esta isla primero oratorio y luego monasterio benedictino, es una construcción singular sobre la que destaca la fortificación en lo alto de la colina. Durante siglos los peregrinos conocidos como miquelors, acuden aquí desde lejos para rendir culto a San Miguel.

Después hay que dirigirse a Saverne, con su castillo e iglesias románicas, donde se decoran e iluminan todas sus ventanas, haciendo que la luz triunfe sobre la oscuridad. En Obernai se entra de lleno en la famosa ruta del vino alsaciano. En sus alrededores, en una enigmática colina de 700 metros, se venera a Santa Odilia, la gran protectora de esta región. Las gentes aprovechan cualquier ocasión para vestir sus trajes regionales y más aun cuando celebran la fiesta del abeto, iluminando cientos de árboles dentro y fuera de su centro urbano.

Antes de alcanzar Colmar hay que visitar obligatoriamente el impresionante castillo de Haut Koenigsbourg, en las afueras de Selestat. El kaiser Guillermo II lo transformó en una maravillosa fantasía medieval que para algunos, sin embargo, puede resultar excesivamente romántica y artificiosa. Tampoco hay que pasar por alto Riquewihr, con sus calles empedradas, jalonadas de casas medievales y renacentistas, y con sus característicos entramados de madera; es considerado el pueblo más bello de esta región.

Colmar, la indiscutible capital del vino alsaciano, es también la ciudad que mejor conserva su centro histórico. Aún se puede recorrer en barca su complejo sistema de canales por donde transportaban sus valiosos caldos. Por todos lados aparecen casas típicas, pintadas de colores pastel, que nos sumergen en su glorioso pasado. Cuenta una tradición que en Navidad se pueden encontrar en sus calles, decoradas con luminosas estrellas, magníficos tesoros escondidos desde antaño.

Siguiendo la ruta de los vinos se pasa por Guebwiller, apodada la Puerta del Valle de las Flores, con sus majestuosas casas del XVII; y también por el delicioso pueblo de Eguiheim, edificado dentro de tres círculos concéntricos de murallas. En su interior se yergue un castillo de planta octogonal construido en la alta Edad Media.

Mulhouse, la segunda ciudad de Alsacia, compensa sus limitados atractivos monumentales con una gran cantidad de museos, la mayoría de ellos dedicados a la técnica y la industria. El más impresionante es el Museo Nacional Francés del Automóvil, famoso mundialmente por albergar 121 Bugatti, incluidos dos Royale de 1928. Entre sus más de 400 ejemplares se pueden ver también varios Mercedes e Hispano Suiza de los años 30, además de Ferrari y Lotus de Fórmula 1 de las décadas de los 60 y 70.

Por otro lado, se puede recorrer el Museo Nacional del Ferrocarril Francés y muy especialmente el Ecomuseo de Alsacia, que se encuentra a pocos kilómetros del centro, en el barrio de Ungersheim. Allí se preserva con verdadero mimo el pasado de la región, reproduciendo espectaculares edificios y rasgos de la vida social y económica de esta singular parte de Francia.

En Navidad se invita a los visitantes a vivir con todo lujo de detalles las tradiciones y el ambiente de estas fiestas, incluyendo una degustación de los manjares más deliciosos relacionados con esta época del año. El sur de Alsacia es igualmente famoso por sus corales, que durante estas fechas celebran numerosos conciertos. En algunos pueblos de esta zona, grupos de tres personas, representando a los Reyes Magos, recorren las casas buscando al Niño Jesús y aprovechan para cantar canciones en el dialecto regional.

Si se desea volver a Estrasburgo por una carretera diferente, una buena opción es bordear el río Rin utilizando la N-68. Para ello hay que dirigirse primero hacia el sur, en dirección a la ciudad suiza de Basilea, durante unos kilómetros hasta alcanzar el río que hace frontera con Alemania. Desde allí se puede volver a la capital de Alsacia sin perder ni un momento de vista al Rin.

 

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